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Abr 12, 2022 / 08:51

El trabajo es un medio, no el fin

Roberto López Barradas

En la vida, todos tenemos miedo al cambio, cambio de planes, de escuela, de lugar de residencia (irse a vivir a otra ciudad o país), cambio de imagen, de trabajo. También tenemos miedo, inclusive mayor que al cambio, es el temor a las pérdidas: de familiares, pérdidas económicas, de amistades, de artículos con alto valor estimativo.

Y en estos últimos días, he platicado con mucha gente que me cuenta la situación laboral por la que está atravesando, llegando a la conclusión de que uno de los mayores temores que tienen las personas, es el perder el trabajo, sobre todo en éstas épocas de crisis por la contingencia, provocando una rescisión económica, falta de empleos, empresas, industrias, establecimientos que han tenido que cerrar, ante la imposibilidad de mantener los gastos y pagar la nómina de los empleados.

Perder el trabajo, significa muchas cosas, por ejemplo: entrar en una crisis económica que por lo regular genera un alto grado de estrés, nos quita el sueño, nos baja la autoestima, nos hace sentir que nos valemos nada, que somos basura, miserables e insignificantes, nos causa frustración. De igual manera, la posibilidad de quedarse sin empleo provoca inestabilidad emocional, ocasiona depresión, condición que en muchos casos puede ser terrible, con consecuencias fisiológicas traducidas en una enfermedad crónica como diabetes, hipertensión, migraña, padecimientos cardiovasculares, y las más fatales son el intento o consumación de un suicido.

Y para quienes tienen dependientes económicos en casa, la posibilidad de pasar a ser parte de las estadísticas del desempleo trae consecuencias gravísimas, como la disolución del matrimonio, la desatención de los hijos. Pasar por una situación como esta puede ser más trágica de lo que se cree, especialmente para el miembro de la pareja que se queda sin trabajo, es más grande el temor. Me recuerda la canción que cantan a dúo Julieta Venegas y el grupo argentino los auténticos decadentes, que se llama “no me importa el dinero”, si puedes escúchala más tarde, transcribo parte de la letra:

Él – me dijiste que llamaste, pero ya me había ido, pues salimos más temprano del taller. Yo me vine caminando para no gastar dinero, y por eso llego tarde como ayer.

Ella – ya no trates de ocultarme, lo que me enteré esta tarde, yo sabía que algo andaba mal, menos mal que solo es eso, sentí alivio, lo confieso, tuve miedo de que fuera otra mujer.

Él – yo no quise preocuparte.

Ella – no querías que supiera, que quedaste sin trabajo una vez más. No me tumba un viento frío, y si te tengo cerca de mí, no le temo a lo que pueda suceder.

A dúo – a mí no me importa el dinero, tengo lo que yo más quiero a mí lado…

El trabajo es un medio, no el fin, no se debe confundir el trabajo con la riqueza, rico no es aquel que tiene más bienes, sino el que más disfruta sus bienes con sus seres queridos. Todos quisiéramos ser ricos o convertirnos en ricos. Yo nací rico, aunque llevo algunas décadas de pobre, pero sé que Dios provee lo necesario para vivir con gozo y contentamiento. Porque como escuche decir a Dante Gebel, en una de sus conferencias, no se puede vivir todo el tiempo trabajando demasiado, pensando en ganar más dinero, para llegar al final de tu vida sin poder disfrutarlo con tu familia; nadie se lleva nada al morir, las cosas materiales solo sirven para tener una vida un poco más cómoda, pero nadie puede llevarse a la tumba todas sus pertenencias, él comenta que ha acompañado a muchas personas enfermas que se encuentran en el hospital, y que nadie le ha pedido que en ese momento laven su auto Mercedes Benz y lo enceren bien, para que lo pongan junto a la ventana y pueda morir viéndolo por última vez, o que nadie pide que  lo entierren con todo el dinero que tiene en el banco. Si no que todas las personas, quieren saber dos cosas cuando están cerca de la muerte, y son: si están bien con sus seres amados y si están bien con el creador, lo material no importa en esos momentos.

Salomón, el hombre que recibió mayor sabiduría por parte de Dios, escribió el libro de Eclesiastés, e inicia el primer capítulo diciendo: vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con el que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece.

No tengas temor al cambio, experimenta, no te quedes en el mismo lugar, si no te gusta el lugar donde estás, muévete, no eres un árbol; usa tus dones y talentos, ponlos en acción, en movimiento y mejor aún, utilízalos para servir a los demás, para ser bendición. El mismo Salomón, después de hacer un recuento largo de todas las cosas que ha vivido, declarando que no se ha quedado con ganas de hacer casi nada, que no negó a sus ojos ninguna cosa que desearan, ni apartó su corazón de placer alguno, termina diciendo nuevamente: vanidad de vanidades, todo es vanidad. Y resume que el propósito de toda persona en éste mundo es: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Dios te bendiga.

CD/YC

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.

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