May 19, 2024 / 08:49

Todavía falta que se den con la “cubeta”

Las campañas “negras” o “guerra sucia” todavía van empezar en las candidaturas presidenciales y en las nueve gubernaturas que se disputan a nivel nacional, Veracruz no es la excepción.
En ocasiones hay malestar por la “guerra sucia”, pero el que se ríe se lleva. Las acusaciones que llevan hasta el momento es un “calentamiento” lo mejor está por venir.
Ganar o conservar el poder político implica una buena dosis de astucia, creatividad e inteligencia, no sólo para obtener los votos que se requieren para construir mayorías electorales estables, sino, sobre todo, para derrotar a los adversarios. Las campañas negativas, cuyo objetivo central es vencer a los opositores, se han convertido en prácticas privilegiadas de los partidos y candidatos que disputan un cargo de elección popular, a pesar de las restricciones normativas. Este tipo de campañas adquieren el adjetivo de negativas porque se centran en hablar del adversario, generalmente en contra, en lugar de hablar sobre las fortalezas o propuestas propias.
Justo este es el tema la guerra sucia en las campañas electorales.
¿Cuál es el objetivo de los electores? Tener como Presidenta o Presidente de la República Mexicana, Jefatura de Gobierno, Gubernaturas, Senadurías, Diputaciones Federales, Congresos y en algunas entidades Ayuntamientos a las mejores personas con propuestas que resuelvan verdaderamente las necesidades de la sociedad.
¿Cuál es el objetivo de los candidatos? Ganar las elecciones para conservar el poder político o llegar a él, con las mejores soluciones para resolver las necesidades de la sociedad a través de sus propuestas.
Para los electores, no hay opción. Primero votar y después esperar que gane su candidato y luego conservar la esperanza de que quien gane, cumpla con la oferta política de su propuesta.
Para los ganadores, tampoco hay opción. Primero ganar, legitimarse y luego resolver las necesidades de la sociedad de acuerdo con las condiciones que prevalezcan una vez pasadas las elecciones.
Pero entre la nitidez de estos objetivos, entre el inicio de las campañas y hasta el final de le elección y su legitimación… hay mucho trecho.
En este trecho, ya están más allá de las campañas negras o sucias. De tal manera que vendrá una buena cantidad de tiempo de declaraciones, encuentros y acciones negativas que sin duda agotarán mentalmente al electorado. Creo, que la autoridad, electoral, poco podrá hacer al respecto.
Andrés Valdez Zepeda, en su libro “La guerra sucia en campañas electorales”, cito, “Las campañas negativas, cuyo objetivo central es vencer a los opositores, se han convertido en prácticas privilegiadas de los partidos y candidatos que se disputan un cargo de elección popular, a pesar de las restricciones normativas. Este tipo de campañas adquieren el adjetivo de negativas porque se centran en hablar del adversario, generalmente en contra, en lugar de hablar sobre las fortalezas o propuestas propias”.
Esto sucede en casi todas las campañas electorales del mundo como Estados Unidos, en América Latina, Europa y por supuesto en las
elecciones de México. Permean dos puntos esenciales, el ataque a través de las declaraciones, descalificaciones y la estrategia del miedo.

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