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DOMINGO 14 DE AGOSTO

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Dic 20, 2021 / 08:20

Sigue la corrupción

Que exista corrupción y, sobre todo, la relacionada con la política, depende de muchos factores. Este mal se puede prevenir desde los primeros años de vida por medio de la educación. De hecho, los países con mejor calidad del sistema educativo son también los que menores niveles de corrupción presentan.

La transparencia. Quienes gobiernan deben rendir cuentas siempre. Esto no solo garantiza que se comportarán correctamente, sino que aumentará la confianza que los ciudadanos tienen en los gobernantes.

Las sanciones. La corrupción no puede quedar impune, ni ante la justicia ni ante la sociedad. Para lo primero, el sistema judicial debe ser capaz de identificar y sancionar adecuadamente estos comportamientos. Para lo segundo, esperen un poco más adelante.

El mecanismo para solucionar el problema es, evidentemente ese, castigar la corrupción en las urnas. Los resultados le sorprenderán (o quizás no). Varios autores han analizado, con información de elecciones a nivel municipal, qué cuota de votos ha obtenido el partido que previamente ha cometido un acto de corrupción política en su municipio.

La conclusión es que la pérdida de votos es reducida, muchas veces condicionada por la difusión y, lo que puede ser más preocupante, en función de quién la hubiese cometido.

Sin embargo, este resultado de debilidad en el castigo, aunque no se ha evaluado a nivel municipal en otros países, se alcanza a nivel nacional para Estados Unidos, Italia, por nombrar algunos casos.

La corrupción es uno de los problemas que más preocupa a los ciudadanos latinoamericanos. Según datos de la Encuesta CAF 2018 (ECAF 2018), cerca del 80 por ciento de los ciudadanos considera que la corrupción es muy perjudicial para el progreso del país. Además, una amplia proporción (cerca del 70 por ciento, Latinobarómetro) cree que los ciudadanos pueden marcar la diferencia en la lucha contra la corrupción. Sin embargo, parece existir una brecha entre la percepción sobre el poder que tiene la ciudadanía para corregir comportamientos corruptos y el ejercicio efectivo de ese poder, por ejemplo, a la hora de castigar a políticos corruptos mediante el voto.

Algunas de las causas de corrupción son la debilidad institucional. Las reglas del juego en la administración pública no se cumplen son fáciles de romper.

Normas sociales. Existe un ambiente de corrupción normalizada, pues se entiende que está bien hacer ciertas transacciones políticas o sociales por medio de la corrupción.

Falta de contrapesos políticos. No hay una oposición ni congresos activos que vigilen a los poderes ejecutivos; en las instancias locales tampoco existen los checks and balances, pesos y contrapesos.

Ausencia de un sistema de rendición de cuentas. No hay estructura integral que abarque desde la documentación de los procesos de toma de decisiones hasta la revisión del ejercicio del dinero público. Impunidad. La falta de órganos autónomos sancionatorios dejan sin castigo los actos de corrupción.

CD/JV

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