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Jun 4, 2020 / 08:00
Evangelio de Hoy
Evangelio de Hoy
¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Jueves, 4 De Junio
Jueves de la novena semana del Tiempo Ordinario
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San Francisco Caracciolo , Beato Francisco Pianzola Más...

Evangelio según San Marcos 12,28-34.
Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?".
Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor;
y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos".
El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él,
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios".
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Bulle

Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964)
laica, misionera en la ciudad.
La alegría de creer ("La joie de croire", Seuil, 1968), trad. sc©evangelizo.org

Los dos mandamientos del amor
Amamos a Dios. Amar a Dios es el primer mandamiento. El segundo le es semejante, ya que sólo a través de los otros podemos dar a Dios amor por amor.
El peligro es que el segundo mandamiento devenga el primero. Tenemos una prueba para saberlo: amar a cada hombre es amar a Cristo, es amar a Dios en cada hombre. Sin preferencias, sin categorías, sin excepción.
El segundo peligro es que no podamos amar. No vamos a poder si separamos la caridad de la fe y la esperanza.
La fe y la esperanza las da la oración. Sin rezar no podemos amar. (…)
Es la fe, es la esperanza, dilatadas por la oración, que despejan el camino de nuestro amor de su obstáculo más grande: la preocupación por nosotros mismos.
El tercer peligro es de no amar “cómo Jesús nos ha amado” sino a la manera humana. Es quizás el peligro más grande. (…)
No es nuestro amor que tenemos que dar, es el amor de Dios. El amor de Dios es una persona divina, es el don de Dios para nosotros, pero permanece un don. Don que debe atravesarnos, penetrarnos para ir a otra parte, para ir a los otros.


CD/GL

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