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Ene 27, 2020 / 20:53
Alondra de la Parra, la directora de orquesta que domina el mundo
Alondra de la Parra, la directora de orquesta que domina el mundo
Directora artística de la Orquesta Sinfónica de Queensland, Australia y primera mexicana en dirigir la Ópera Estatal de Berlín
Ciento cinco músicos de la Orquesta Nacional de España esperan expectantes a que entre la persona que los dirigirá durante los próximos tres días. Aquella sobre la que caerá toda la responsabilidad del concierto y cuyo carisma y genialidad les llevará (o no) al éxito. Entra en el escenario Alondra de la Parra. Camina con decisión hasta situarse en el centro.Toma su batuta de cocobolo de 32 pulgadas con las dos manos, agacha la cabeza y se concentra mientras toda la orquesta la mira esperando la señal. El tiempo se congela en el aire durante cinco segundos hasta que mueve su mano derecha y suenan las primeras notas.



¿En qué piensas en esos momentos?

En esos instantes, con los ojos cerrados, veo una por una las ca- ras de todas las personas que me han ayudado a estar ahí. Los que han sacrificado algo de sí mismos para que yo esté donde estoy. Mis padres, mis maestros y mis hermanos... Cada vez que piso el escenario pienso que no ha sido sólo mi esfuerzo, sino el de todos ellos, y comienzo agradeciendo.

Cuando eres directora invitada, debutando con la Orquesta Nacional de España y próximamente en la Filarmónica de Bremen o Bruckner Orchester Linz, sólo tienes tres días para practicar con la orquesta. ¿Cómo lo logras?

El primer contacto es crucial. Y debe ser muy eficiente porque todo es muy rápido. No hay tiempo que perder y hace falta una concentración gigantesca por parte de todos. Juntar a una orquesta tan grande lleva mucho esfuerzo y dinero, por eso debe ser una máquina perfecta.Y eso me gusta mucho.

¿Cuál es tu primer recuerdo musical?

Abrir una pequeña caja de música que tenían mis padres, cuando tenía tres años. Recuerdo la sensación que me atravesó más que la música en sí.

¿Cuándo decidiste ser directora de orquesta?

En mi casa escuchábamos mucha música y veíamos videos de orquestas. Cuando tenía 13 años, mi padre me dijo: “Tú tienes que ser directora de orquesta porque tienes buen oído, te gusta juntar a la gente y tienes liderazgo”. Pensé que sí, que eso era lo que quería hacer. Así que estudié la carrera de piano para tener una buena base, dedicándole más de siete horas diarias durante diez años. Y cuando terminé mi maestría en dirección de orquesta, decidí soltar el piano para dedicarme a la dirección. Es muy triste porque son pequeñas muertes que uno va viviendo, pero no se puede con todo...


Traje animal print, Liu-Jo. Aretes, Daniel Espinosa.

¿Fue difícil tomar la decisión de ser directora sin tener referentes femeninos?

La barrera no era que no hubiera ninguna mujer dirigiendo, sino cómo llegar a ser una música tan redonda para ser directora de orquesta. Para lograrlo tienes que estudiar toda tu vida y nunca llegas, porque siempre hay más que aprender y dominar.

¿En qué te has especializado?

Me encanta dirigir un repertorio muy amplio. Estoy muy enfocada en compositores de principios del siglo XX, como Stravinski, Bartók, Debussy, Ravel, etcétera. Pero cuando puedo incluir música mexicana, siempre lo hago.

Este año participaste en un proyecto donde la inteligencia artificial de Huawei completó la Sinfonía núm. 8 “Inacabada” de Schubert. ¿Cómo fue la experiencia?

Schubert dejó su obra inconclusa por decisión propia, y es tan hermosa que no necesita que nadie la concluya. Huawei me invitó a dirigir este concierto y se me hizo interesante como un experimento. Comprobar cómo la inteligencia artificial ha concluido la obra basándose en todas las decisiones matemáticas que Schubert había tomado antes. Creo que es un ejercicio interesante asociar la tecnología con lo más humano que hay, que es la música.

¿Cuántos proyectos tienes entre manos?

Este año estoy viviendo en La flauta mágica. Ha sido el mayor reto de mi vida porque tuve que absorber todo en tres días y trabajar con la Staatsoper de Berlín, que es una de las cinco mejores del mundo. Estar con esos músicos, escuchar ese sonido con el cual trabajar y darte cuenta que puedes llegar adonde quieras porque no hay límites, es increíble. Soy otra música después de esa experiencia, y de septiembre a diciembre haremos más funciones. Además, es mi último año como directora de la orquesta sinfónica de Queensland y quiero finalizar este ciclo dejando la orquesta muy bien. También estoy preparando un proyecto en el que llevo trabajando cinco años con la artista Gabriela Muñoz. Ella hace clown y, junto a La Fura dels Baus, estamos escribiendo y creando juntas un show que dirijo y produzco.

¿Y no sueñas con unas vacaciones?

Vivir dedicada a la música es un gran sacrifico. No la puedes soltar e irte de vacaciones. Yo no la he soltado desde hace 20 años, ningún día. Es una disciplina, como un deporte. Y ten- go programado el calendario hasta mediados de 2021. Por un lado es bonito saber que sigues. Por otro, si se casa una amiga en dos años ya sé que no podré ir porque no tengo flexibilidad en fechas.

¿Qué haces para desconectarte?

Lo hago con mi hijos. Mi vida son dos cosas: mis hijos —de 1 y 3 años— y mi trabajo. Y no me preguntes por nada más del mundo porque sólo puedo hablarte de esto. Mi cabeza, cuerpo y corazón, no me dan para más.

¿Y siempre van contigo?

Sí, los he llevado a todos los lugares del mundo donde he estado. Esto me ha supuesto un esfuerzo gigantesco, pero no hay otra. Soy una madre que se encarga al cien de sus hijos estemos donde estemos. Ahora, en Berlín, quiero hacer una rutina y asentarme en Europa los próximos años, que son cruciales para ellos. No pueden seguir viajando como hasta ahora. Otros directores que no son madres pueden viajar más, pero yo ya sólo me voy a limitar a esta región.

¿Qué necesitas para sentir que estás en casa?

Mi hogar son mis hijos. Cuando viajamos, siempre nos quedamos en departamentos, nunca en hoteles. Voy al supermercado para comprar las mismas marcas, cocinarles lo de siempre y que ellos tengan las mismas rutinas. Soy muy estricta con esto y, donde estemos, será la misma comida, los mismos horarios y el mismo olor de la colchita. Tengo un hogar portátil donde la música siempre está presente.

¿Qué música les pones?




Música clásica. Su padre, que es baterista de rock, se encarga del resto.



¿En qué concierto sorprendería encontrarte?

El otro día, en Berlín, fui a ver a René, el de Calle 13, y me la pasé genial. Jamás nadie me hubiera imaginado ahí bailando y fui feliz.



Excélsior


CD/GL

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