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Ene 12, 2022 / 08:00

Evangelio del 12 de Enero de 2022

¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Miércoles, 12 De Enero
Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario
Calendario ordinario


San Antonio María Pucci , Santa Cesárea de Arlés

Evangelio según San Marcos 1,29-39.

Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato.
El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados,
y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.
Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros,
y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te andan buscando".
El les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido".
Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


BulleSan Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella
De la oración, Conferencias VIII.XVIII (SC 54, Conférences VIII-XVIII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org

"Jesús fue a un lugar desierto y ahí rezaba" (Mc 1,35)

Imposible distinguir todas las formas de oración, salvo tener una pureza de corazón especial y luz extraordinaria del Espíritu Santo. Su número es tan grande que se pueden encontrar en un alma, mejor dicho, en todas las almas, estados y disposición diferentes. (...)
La oración se modifica en todo instante, según el grado de pureza al que el alma llegó, según su disposición actual, debido a influencias extranjeras o espontáneas. Es cierto que ninguna persona permanece todo el tiempo idéntica a ella misma. Rezamos diferente según tengamos el corazón ligero por la alegría o apesadumbrado por la tristeza o desesperación. También si vivimos la ebriedad de la vida sobrenatural o la depresión por tentaciones violentas; cuando imploramos el perdón de nuestras faltas o pedimos una gracia, virtud, sanación de un vicio. O en la compunción que inspira el pensamiento del infierno y el temor del juicio y cuando ardemos por el deseo de los bienes futuros. En la adversidad y el peligro o en la paz y la seguridad; si nos sentimos inundados de la luz con la revelación de misterios del cielo o paralizados por la esterilidad en la virtud y la sequedad en los pensamientos. (…)
Los diversos modos de oración serán seguidos de un estado más sublime todavía y de una más grande elevación. Es una mirada a Dios sólo, un gran fuego de amor. El alma se funde y se sumerge en la santa dilección. Permanece con Dios como con su propio Padre, familiarmente, con una ternura de piedad particular.

CD/GL

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