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Mar 08, 2022 / 08:00

Evangelio del 08 de Marzo de 2022

¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Martes, 8 De Marzo
Martes de la 1ª semana de Cuaresma
Calendario ordinario
San Faustino Miguez , San Juan de Dios

Evangelio según San Mateo 6,7-15.
Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Tertuliano (c. 155-c. 220)
teólogo
De la oración (Le Pater expliqué par les Pères, Franciscaines, 1951), trad. sc©evangelizo.org

¡Felices los que reconocen al Padre!
La oración dominical es como un compendio de todo el Evangelio. Comienza por el testimonio rendido a Dios con un acto de fe, cuando decimos “Padre Nuestro que estás en los cielos”. Rezamos a Dios y proclamamos nuestra fe con esta invocación. Está escrito: “A todos los que lo recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Jn 1,12). El Señor frecuentemente llama a Dios “nuestro Padre”. Nos ordenó no llamar a nadie en tierra con el nombre de padre, reservando ese nombre para el Padre celeste (Mt 23,9). Rezando así, cumplimos su voluntad. ¡Felices los que reconocen al Padre!
Dios dirige un reproche a Israel y el Espíritu toma como testigo cielo y tierra al decir: “Habla el Señor: Yo crié hijos y los hice crecer, pero ellos se rebelaron contra mí” (Is 1,12). Llamarlo Padre es reconocerlo como Dios. Este título es un testimonio de piedad y potencia. Invocamos también al Hijo en el Padre. “El Padre y yo, somos uno” (Jn 10,30). No olvidemos la Iglesia, nuestra madre. Nombrar al Padre y al Hijo es proclamar a la Madre. Así, con una sola palabra, lo adoramos con los suyos, obedecemos su precepto y contradecimos a los que olvidaron a su Padre.

CD/GL

Notas del día: