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Nov 04, 2021 / 06:00

Efemérides del Periodismo Mexicano, Carlos María de Bustamante

Carlos María de Bustamante, político, periodista e historiador nació el 4 de noviembre de 1774 en Oaxaca, Oax., y murió el 21 de septiembre de 1848 en la ciudad de México. De él dice Ernesto de la Torre Villar en Lecturas históricas mexicanas, tomo II (1988) que “es un caso especial dentro de la política, el periodismo y la historiografía mexicana. Es bastante complejo en todos sus aspectos para poder someterlo a moldes simplistas, y tiene que estudiarse precisando sus opiniones acerca de cada una de sus actividades”.

Abogado postulante, conoció de cerca los incidentes de 1808 y supo de la detención de sus amigos independentistas; defendió a los conjurados michoacanos de 1809 y figuró luego entre los partidarios de don José María Morelos. Para regir a México elaboró un proyecto constitucional, hoy perdido. Fue diputado al advenimiento de la República, cargo en el que se mantuvo largos años; periodista combativo y tenaz; editor de varias obras dedicadas a la historia antigua, como la de Sahagún, dejó sin publicar trabajos muy importantes que se encuentran en los archivos, tales como su Diario histórico que se custodia en la Biblioteca Pública de Zacatecas y muchas otras piezas del Archivo Histórico del Museo Nacional.

Fundó con Jacobo de Villaurrutia, en octubre de 1805, el Diario de México, donde publicó numeroso artículos a lo largo de los primeros cinco años. Sus temas no eran políticos, prohibidos por la censura, sino culturales, históricos, artísticos, de moderada crítica social, costumbristas y notas necrológicas. Tres décadas después, Bustamante recordaba aún la mordaza que había obligado a tantos silencios en el Diario.

Si hubiera habido -anotó- alguna libertad para escribir, se habrían presentado producciones muy exquisitas; pero carecíamos de ella de todo punto, hasta prohibir el gobierno que continuasen los buzones que habíamos puesto en los estanquillos de cigarros para que por ellos se pudieran remitir los artículos que no quisiesen por modestia sus autores.

Con esta experiencia, señala el investigador Ernesto Lemoine Villicaña, Bustamante sacó su acendrada mística por la libertad de expresión; un derecho, lo dijo y reiteró hasta el fin de sus días, consustancial del individuo, por el que libró batallas a lo largo de más de cuarenta años, algunas de ellas auténticamente quijotescas.

En 1812, con base en la corta libertad de imprenta, publicó el semanario El Juguetillo, en el que atacó al general realista Calleja y defendió la memoria del licenciado Primo de Verdad. El Juguetillo, sostiene Lemoine, es sabroso, punzante como un estilete, presumido con sus latinajos y referencias humorísticas, mordaz hacia el sistema. Un epigrama atribuido a él (acerca de los soldados realistas que salían a campaña pobres y regresaban ricos) motivó la orden de arresto en su contra. Bustamante se escondió y un poco más tarde se refugió con los insurgentes, donde reanudó su labor periodística con el Correo Americano del Sur (1813), fundado por el doctor Herrera.

Consumada la Independencia, y en la ciudad de México, fundó La Abispa de Chilpancingo (octubre de 1821 a agosto de 1822) en el que asumió la responsabilidad de “apoderado de la antigua insurgencia” y actuó como antídoto para erradicar la infección producida por el virus de Iguala.
Como fuente histórica La Abispa representa un magnífico acervo de noticias, juicios críticos, polémicas y meditaciones sobre la primera década de vida del México independiente. Dada la filiación del editor y los intereses que defendía, este periódico bien puede caber, como epígono, en el caudal de la prensa insurgente, porque proseguía el debate abierto por El Despertador Americano (1810) y es una síntesis de El Juguetillo y El Correo Americano del Sur, los dos voceros editados por Bustamante en el periodo de máxima tensión y de expectativas más amplias del movimiento revolucionario.

El estilo literario de La Abispa es el mismo estilo inconfundible del autor: solemne, dicharachero, declamatorio, moralista, romántico popular, ripioso, anecdótico, evocador de las glorias pasadas, chispeante y mexicanista. Si en algo benefició La Abispa de Chilpancingo a sus lectores, concluye Lemoine, fue en hacerles sentir, uno de los primeros, su condición de hombres libres.

En la vida azarosa y romántica de don Carlos María de Bustamante, Victoriano Salado Álvarez relata la impresión que causó Bustamante la invasión estadounidense de 1847.

El sábado 17 de septiembre escribe estas melancólicas palabras, que son casi la últimas del mal encuadernado volumen: “Tengo en mi casa cuatro paradas de cartuchos con balas de onza, para defenderme si fuera atacada a mi casa, comprada a real cada parada, y otra de cartuchos de instrucción”.

El miércoles 14 de febrero de 1848 (la exaltación de la Santa Cruz y San Crescenciano) asienta: “Actums est de Republica. Acabóse la República Mejicana y se han hecho inútiles esfuerzos por crearla, conservarla y hacerla feliz”.

Aquel anciano de setenta y tres años que se propone defender su hogar con un fusil de chispa y cuatro paradas de cartuchos; aquel insurgente que se despide de toda una vida de honradez y de sacrificio, viendo destrozada la patria que había visto nacer, hacen olvidar –hacen admirar- al chabacano grafómano, al farragoso difusor de patrañas, al polemista de mala fe, a quien se le escapaban las citas de la Biblia y del Quijote como chorros de agua entre los dedos.
Un año después Bustamante moría de pasión de ánimo y de tristeza patriótica. Los invasores le habían herido en pleno corazón.

CD/JV

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