Nov 14, 2021 / 06:00

Efemérides del Periodismo Mexicano: Amado Nervo

Los restos mortales de Amado Nervo fueron inhumados el 14 de noviembre de 1919 en La Rotonda de los Hombres Ilustres, donde reposan desde entonces, bajo un bello mausoleo erigido por la República de Uruguay. El poeta y periodista había muerto el 24 de mayo de 1919 en Montevideo, cuando era  ministro de México en Argentina y Uruguay. Su cadáver, por cortesía del gobierno argentino, fue conducido a las costas mexicanas a bordo del cañonero Presidente Sarmiento. La llegada al puerto de Veracruz fue el 10 de noviembre.

El poeta, periodista y diplomático Amado Nervo escribió en un apunte autobiográfico:

Naciente nací en Tepic pequeña ciudad de la costa del pacífico el 27 de agosto de 1870. Mi apellido es Ruiz de Nervo; mi padre lo modificó, encogiéndolo; se llamaba Amado, y me dio su nombre. Resulté pues Amado Nervo, y esto, que parecía un seudónimo –así lo creyeron muchos en América- y que, en todo caso, era raro, me valió quizá no poco de mi fortuna literaria. ¡Quien sabe cuál habría sido mi suerte con el Ruiz de Nervo ancestral, o si me hubiese llamado Pérez y Pérez…

Desde muy niño comenzó a escribir versos, bajo la influencia de su madre Juana Ordaz de Nervo; a los 14 años inició sus estudios superiores en el colegio de San Luis, situado en Jacona, Michoacán y dos años más tarde ingresó al seminario de Zamora, donde cursó latín, ciencias, filosofía y leyes; pero la muerte de su padre y la precaria situación familiar lo obligaron a regresar a Tepic. De 1891 a 1894, mientras trabajaba afanosamente por sobrevivir y ayudar a su familia, publicó sus primeros artículos periodísticos en El Pensamiento de Zamora y El Correo de la Tarde de Mazatlán.

En 1895 llegó a la Ciudad de México donde recorrió redacciones y logró que sus trabajos fueran publicados en El Imparcial, El Nacional y El Universal, diarios que lo dieron a conocer como excelente cronista. Entabló amistad con Manuel Gutiérrez Nájera; publicó su primera novela, El Bachiller, con la que provocó un escándalo y afirmó su prestigio literario,  y continuó su actividad periodística en diversos diarios; llegó a ocupar incluso la dirección de El Mundo Ilustrado. En 1900 El Imparcial lo envía a París para que reseñe la Exposición Universal que abre el Siglo XX. En la capital francesa conoce a Rubén Darío, y en otras ciudades de Europa a Verlaine, a Wilde y a Lugones. A su regreso a México comparte con Jesús E. Valenzuela la dirección de la Revista Moderna, donde defiende la renovación modernista contra los ataques de Victoriano Salado Álvarez. Simultáneamente es profesor de la Escuela Nacional Preparatoria e inspector en el Ministerio de Instrucción Pública, en el área de literatura. En 1905 ingresa a la carrera diplomática y es nombrado segundo secretario de nuestra legación en España. En aquél país participa en la vida artística y colabora en los periódicos El Fígaro de La Habana y La Nación de Buenos Aires.  Al estallar la revolución de México queda sin representación y, aunque las Cortes españolas le ofrecen una pensión, la rechaza. Permanece en ese país colaborando en varios periódicos y revistas, hasta que en 1916 es reinstalado como primer secretario de la legación de México en Madrid. Dos años después se le nombra enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en Argentina, Uruguay y Paraguay con sede en Montevideo. Fallece el 24 de mayo de 1919. Entre sus obras están La Amada Inmóvil, Perlas Negras y Místicas, En Voz Baja, Ellos, Se

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