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May 27, 2022 / 09:01

✍ Calambres/Esaú Valencia Heredia 27/05/2022

* Que los políticos vayan a la escuelita

Un asunto cuyo estudio ha cobrado relevancia en los últimos tiempos, es el de la profesionalización de la política. Esto se debe, en gran medida, a dos circunstancias: el desarrollo en el mundo del trabajo del concepto de profesión, y el avance de la democracia representativa en sociedades cada vez menos segmentadas. Es un hecho evidente que el número de hombres y mujeres que tienen a la política como profesión habitual, ha crecido enormemente en los últimos años. El impulso de diferentes instituciones en el proceso de expansión de la democracia representativa, ha hecho posible este escenario, donde la política conjuga más que nunca las dos máximas weberianas de vivir "para" ella y de vivir "de" ella. La partidización de la política, el desarrollo de esquemas descentralizadores, y la creación de instancias supranacionales, conllevan un notable incremento de puestos por los que compiten quienes entran en la política, y hacen posible que la misma se convierta en una actividad de por vida. En este marco, no es inimaginable la existencia de carreras longevas que moldean los supuestos básicos de la representación política, de manera que se genera de manera inevitable una tensión entre los políticos como representantes y como gestores. La profesionalización se constituye, así, en un hecho dado.

Este nuevo escenario supone un reto intelectual para el estudioso, quien además se erige en una suerte de reivindicador de las investigaciones que se centran en el retorno del actor. Las instituciones han supuesto un centro de atención muy relevante en las últimas décadas; su conceptualización en reglas tanto formales como informales, ha tenido un éxito notable en la interpretación y explicación de la realidad política. Sin embargo, las instituciones funcionan en la medida en que existen individuos: aquéllas moldean el comportamiento de éstos, imponiéndoles restricciones y dándoles incentivos; pero a su vez los actores modifican la configuración y el sentido de las instituciones. Por otra parte, los individuos desarrollan relaciones entre ellos que configuran redes que se convierten en recursos adicionales.

La pretensión de este retorno al actor debe tener en cuenta dos aspectos de sumo interés. El primero se refiere a la exigencia de no dejar de lado la relación existente entre el político y el régimen en el que se mueve, tanto en el momento presente como en relación con los legados históricos que pudieran existir. Políticos que iniciaron su carrera bajo dictaduras, se mueven después en escenarios democráticos en los que proyectan sus legados del pasado. El segundo tiene que ver con el significado del término profesional en distintos momentos y lugares. Es un lugar común de la hora presente ligar a este término las ideas de dedicación, remuneración adecuada, competencia en ciertas habilidades y fijación de determinadas tareas de acuerdo con lo estipulado por las leyes y la práctica política.

Hoy, los profesionales de la política están en buena medida presentes en los partidos, desde los que saltan a los espacios de representación. La relación entre ambos no deja de ser compleja y en ocasiones uno impone su designio al otro. El modelo ideal de democracia representativa ha enfatizado la idea de que los políticos son reclutados, formados y proyectados hacia las instituciones por los partidos; pero esto no siempre es así. La propia dinámica democrática, junto con otros factores de índole social, cultural o económica, posibilita modelos diferentes en los que los políticos pueden configurar carreras independientes. Pero en ambos casos, y a pesar de su amplia y reiterada connotación negativa en medios populares, la lógica de la profesionalización no deja de estar presente.

    ***Con un pie fuera de Insurgentes Norte. Las filtraciones de los audios del dirigente nacional del PRI Alejandro Moreno Cárdenas lo ponen en la lona y en un acto de congruencia podría hasta renunciar al cargo partidista.

Y es que del power poco o nada queda del impulso que Alejandro Moreno Cárdenas obtuvo con el freno a la reforma eléctrica de Andrés Manuel López Obrador y con el que ostentó, al menos durante un breve paréntesis, la jefatura opositora. Los audios filtrados por el Gobierno de Campeche fulminaron ese crecimiento ascendente y lo expusieron de lleno en su faceta más original e inconfesable.

Algunos priistas revelaron que cualquier proyección de futuro de Alito se encuentra, de momento, culminada.

Un mensaje que encuentra eco en los pocos reductos de poder que le quedan al PRI. Actores como Alfredo Del Mazo, Miguel Riquelme o Miguel Ángel Osorio Chong intercambiaron contactos desde el pasado lunes para analizar el desbarranco del dirigente nacional. "Nos complica en los pocos lugares donde todavía tenemos amigos, la prensa y el empresariado", deslizó uno de ellos al señalar la frase de Alito sobre matar de hambre a los periodistas o el truculento relato sobre las presuntas aportaciones de Alejandro Ramírez, dueño de Cinépolis, a campañas priistas.

Alito: "A los periodistas no hay que matarlos a balazos, sino de hambre"

Es por eso que vuelve a ganar centralidad la figura de Enrique de la Madrid, ex funcionario de Enrique Peña Nieto e hijo del ex presidente de México. Si bien se encuentra muy rezagado en encuestas de conocimiento, el académico del Tec emerge casi de modo obligatorio.

De la Madrid es la antítesis de Moreno Cárdenas. Presentable y mesurado, porta un discurso de modernidad, no tiene arrebatos de virulencia hacia la 4T y es transitable en sectores del PAN que lo ven muy similar a Ricardo Anaya con dos pequeñas salvedades: De la Madrid no tiene carpeta judicial y tiene una preparación más consistente que la de Anaya, cuyo atributo primordial es hablar bien tres idiomas.

El inconveniente que de momento tiene De la Madrid como proyecto político es que el PRI está completamente blindado en favor de Alito hasta el año que viene, cuando termine el mandato que el Campechano podría entregar ya sin el PRI gobernando estados.

La salida de Alito sería una oportunidad para De la Madrid y sus promotores, el problema es que el partido estará completamente disminuido. Por eso hoy por hoy gana más fuerza la idea de que De la Madrid pueda ser un candidato ciudadano por parte del eje opositor que una propuesta específica del PRI.

REFLEXIÓN: No hablar mal de nadie, es la mejor forma de hablar bien de ti.

CD/YC

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