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Oct 11, 2017 / 19:32
José Domingo Carriquiry, un paleontólogo en el océano
Conacyt
José Domingo Carriquiry, un paleontólogo en el océano
Ensenada, Baja California.- El doctor José Domingo Carriquiry Beltrán es un especialista del Instituto de Investigaciones Oceanológicas (IIO) de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), que se ha dedicado durante 27 años a hacer estudios sobre eventos climáticos con novedosas herramientas geoquímicas aplicadas a la paleoceanografía.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Carriquiry Beltrán, miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), relató que su interés por la ciencia se despertó por los relatos de los descubrimientos de Jacques-Yves Cousteau.

“Yo estaba maravillado, yo quería ser biólogo marino y llegué aquí a la Escuela de Ciencias Marinas. Antes venían estudiantes de todo el mundo a solicitar el ingreso a la Escuela de Ciencias Marinas, se presentaban como 500 estudiantes y solo aceptaban a 100”, narró.

Recordó que durante su primer año como estudiante de la que hoy es la Facultad de Ciencias Marinas de la UABC, quedó maravillado con un curso de geología física que estaba orientado hacia la oceanografía.

“Cuando terminé la carrera decidí estudiar cosas en las que estuvieran relacionadas la geología con la química y descubrí en ese entonces el mundo de la geoquímica, particularmente se usaban los isótopos estables como una herramienta geoquímica para entender procesos en el océano”, comentó Carriquiry Beltrán.

Los corales como registro geológico

Para realizar sus estudios de posgrado —maestría y doctorado— en geoquímica marina, tras haber egresado de la UABC, José Carriquiry viajó a Canadá e ingresó a la Universidad McMaster, donde reconstruyó eventos del fenómeno conocido como El Niño, estudiando la geoquímica isotópica de corales como trazadores de eventos climáticos en el registro geológico.

“En un inicio, nosotros como geólogos nos preguntábamos si ese tipo de episodios como el fenómeno de El Niño ya habían existido en el pasado o si eran producto del calentamiento global, pues algunos científicos ya estaban detectando que se estaba calentando el planeta pero todavía no había evidencias que conectaran una cosa con la otra”, refirió.

Comentó que su proyecto de doctorado tuvo como objetivo investigar si el fenómeno de El Niño había existido en el pasado y para ello necesitaba una herramienta con que pudiera identificarlo en el registro geológico.

“Entonces decidimos usar isótopos estables de oxígeno (O) y carbono (C) en los esqueletos de coral, porque los corales como son carbonato de calcio (CaCO3), al ir creciendo poco a poco, al formar su esqueleto, forman bandas de crecimiento muy parecidas a los anillos de los árboles, que son de naturaleza anual; debido a que la molécula de carbonato (CO3) contiene tanto carbono como oxígeno, me brindaba la oportunidad de reconstruir la historia del calentamiento de los mares tropicales mediante el estudio de los isótopos estables en los anillos de crecimiento de los corales”, refirió.

Antes de defender su tesis doctoral, José Carriquiry publicó los resultados de su investigación y su artículo generó gran interés de diversos grupos de investigación de todo el mundo, quienes adoptaron esta nueva línea de investigación.

“Entonces había científicos de todo el mundo tratando de reconstruir la historia de El Niño, pero mi trabajo fue plantear una herramienta geoquímica para poder identificar El Niño en el registro geológico”, puntualizó.

Cofundador de doctorado

En 1989, cuando Carriquiry Beltrán estaba por concluir su doctorado, fue contactado por el IIO para colaborar en la creación del doctorado en oceanografía costera, el primer programa de doctorado de la UABC.

“Para tener un buen programa doctoral necesitábamos un programa vigoroso en investigación, que pudiera impulsar la formación de buenos doctores, y ese fue un gran reto porque el tema en que yo me desarrollaba eran isótopos estables y necesitábamos espectrómetros de masas para estudiar las relaciones isotópicas de los procesos de nuestro interés”, mencionó.

Ante la necesidad de instalar un laboratorio con equipos de elevados costos, José Carriquiry presentó una propuesta al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para la construcción del laboratorio de espectrometría.

“Nos dieron un millón de dólares y con eso compramos tres espectrómetros y empezamos a formar estudiantes y a hacer nuevos proyectos”, recordó.

Un científico de retos y satisfacciones

Con destacadas experiencias internacionales a través de estancias como becario del Programa Fulbright, profesor visitante e investigador en prestigiadas instituciones como la Universidad de Barcelona, el Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo (IRD, por sus siglas en francés), la Universidad de California en San Diego (UCSD) y la Universidad de Harvard, entre otras, Carriquiry Beltrán comparte que se siente satisfecho como científico mexicano.

Subrayó que tanto el Conacyt como la Fundación Fulbright-García han sido instituciones clave en su desarrollo científico.

“Cuando veo en retrospectiva, el camino ha sido una mezcla de pequeños triunfos y de ocasionales malos momentos cuando han surgido obstáculos muy fuertes, pero uno siempre tiene que perseverar en sus metas y debe continuar”, consideró.

Dijo que a sus inicios en el IIO como joven científico, se enfrentó con un panorama en el que los investigadores en la UABC eran escasos y apenas una minoría contaba con doctorado, pero a través de los años se han ido formando cuadros de destacados investigadores y estudiantes en la línea de la geoquímica, que a la fecha siguen contribuyendo en el mismo campo de estudio.

“Ahora mis estudiantes ocupan puestos en la UNAM, en el Politécnico Nacional, en la Universidad de Guadalajara, entonces cuando veo en retrospectiva ha sido maravilloso, porque sería falso pensar que todo ha sido color de rosa, que habría sido fácil”, reconoció el investigador del IIO.

Compartió que de todas las satisfacciones que ha tenido como investigador, la mayor ha sido la formación de recursos humanos y su contribución para que los alumnos concluyan sus estudios de posgrado.

“Más que la ciencia, cada que se gradúa un estudiante mío es un triunfo, es lo que más saboreo, la formación de recursos humanos, porque cuando te publican un paper sabes que se trata del proceso final de toda la investigación y eventualmente te comunicarán que el paper está aceptado. Te da alegría pero eso no es nada comparado con ver graduarse a tu estudiante y recordar que cuando llegó a tu laboratorio no sabía nada del tema, pero cuando se va ya es un experto a nivel nacional en su campo, y eso se siente muy bien, da mucha satisfacción”, finalizó.


CD/GL


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