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Boca del Río, Veracruz, México Martes 14 de agosto de 2018
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Reflexión Matutina
La renuncia de Porfirio Díaz
Edwin Corona y Cepeda
May 25, 2018 / 09:25
El 24 de mayo de 1911 la noticia de que el entonces Presidente de la República, General Porfirio Díaz, iba a presentar su renuncia ante la Cámara de Diputados que por aquel entonces sesionaba en el primer piso del Palacio Nacional corrió, desde muy temprana hora, como reguero de pólvora por todo el Centro de la Ciudad de México.

Esta noticia fue originada por diversas publicaciones de los rotativos citadinos anunciando este suceso que originó un verdadero tumulto donde cientos de ciudadanos se agolparon en dicho recinto con el fin de confirmar esta noticia que a muchos les parecía increíble, ya que el viejo general llevaba más de 30 años en el poder sin asomo de abandonarlo.

Sin embargo todos estaban acordes en que su principal defecto eran sus 80 años de edad, su incipiente sordera, su dificultad para caminar y una grave infección bucal que le atormentaba.

Uno tras de otro los diputados se fueron acomodando en su curul y se abrió, como en cualquiera otra de las sesiones la discusión de los asuntos del día. El público, que abarrotaba el local esperaba ansioso e impaciente la confirmación de la noticia, pero todo indicaba que no había tal renuncia, hasta que sorpresivamente una voz potente preguntó ¿y la renuncia?

El entonces diputado Manuel Calero y Sierra contestó a la pregunta con toda calma: Mañana se presentará la renuncia del General Díaz.

Esta contestación motivo el enojo de los presentes ya que la renuncia de Díaz era verdaderamente inevitable ante los revolucionarios levantados por Francisco I. Madero, Pascual Orozco, Emiliano Zapata y Pancho Villa quienes habían derrotado frecuentemente al ejército federal que únicamente era dueño del terreno que pisaba.

La multitud francamente enojada y enardecida abandono el recinto gritando mueras a Díaz lo que motivó la intervención del ejército federal y la denominada gendarmería montada. Sin embargo esto no arredró a los inconformes quienes se enfrentaron abiertamente a ambas fuerzas “del orden”.

Para calmar este tumulto la policía y el ejército hicieron uso de sus armas disparando contra la multitud lo que ocasiono la muerte de varios civiles y encendió aún más los ánimos. Varios de los “revoltosos” fueron detenidos y llevados a la comisaría, pero el tumulto, que crecía cada minuto obligo a las autoridades judiciales a dejarlos en libertad. Y entonces apareció el vandalismo, el robo a los comercios establecidos y las agresiones contra coches de sitio y edificios se incrementaron. Solo una fuerte lluvia que cayó en esos momentos dispersó a la muchedumbre que amenazaba con ir a quemar las casas de los políticos corruptos.

Un día después, el 25 de mayo de 1911 el General Porfirio Díaz envío su renuncia a la Cámara de Diputados, cuyo texto fue el siguiente:







A los CC. Secretarios de la H. Cámara de Diputados.

Presente.


El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección.
No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos apropósito para raciocinar y decidir sobre mi propia culpabilidad.


En tal concepto, respetando, como siempre he respetado la voluntad del pueblo, y de conformidad con el artículo 82 de la Constitución Federal (v)engo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República, con que me honró el pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuando que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre mexicana, abatiendo el crédito de la Nación, derrochando sus riquezas, segando sus fuentes y exponiendo su política a conflictos internacionales.

Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas.

Con todo respeto.


México Mayo 25 de 1911.

Porfirio Díaz.



¡QUE TENGAN UN BUEN DÍA!



* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.


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